Nueva Orleáns.
De vuelta a Nueva Orleáns, pensó Urian vagando por el Barrio Francés. Un lugar edificado en su mayoría durante el mandatario español, y esa era precisamente su última parada, de momento.
Mientras Savitar tenía su propia playita o Aquerón Katoteros, el malnacido de Altax parecía tener no solo una islita en las Bahamas, sino el yate, el jef privado, pisitos en primera línea de la costa en los destinos más paradisiacos y hasta mansiones por doquier repartidas por todo el mundo, ¡joder!, bufó con ironía y cansancio.
Llevaba prácticamente un mes trotando de un país a otro, sin un rumbo establecido, de lugares inciertos a los que solo podían acceder los nada privilegiados “elegidos” de su siempre amargado y reciente líder, en los que absolutamente nadie podría adentrarse sin su autorización y beneplácito, y comenzaba a estar desesperado por regresar a las cálidas tierras españolas, pero sobre todo, estaba ansioso por estar de vuelta en los cálidos brazos de Jara y hacerla suya de nuevo, por completo.